El vendedor

“¿Qué es esto?” preguntó una niña con el poco vocabulario que conocía, mostrando una curiosidad que brillaba en sus ojos. “Es una flauta, para hacer música”, contestó el vendedor del centro. Tomó uno de los instrumentos, y tocó una melodía folclórica y alegre. La niña, contagiada por la cómica interpretación, rio con una energía cándida. “¡Lucy, ven aquí!” exclamó su padre. Ella obedeció  y corrió un par de metros para tomar su mano. El vendedor quedó solo de nuevo. Le restaba una hora para terminar su jornada. No había vendido nada, pero al menos había hecho reír a la niña, y eso le era suficiente. Tenía que ser suficiente.