Ficción

“Por favor, mi amor ¡Perdóname! ¡Las personas cambian!” exclamó un joven con vehemencia, tomando la mano de la mujer sentada a su lado. «Te prometo que haré todo lo posible para evitar que vuelva a suceder», añadió, mirando fijamente a los ojos melancólicos de ella.

Yo, observando la escena desde lejos, me acerqué impulsado por la curiosidad para escuchar más claramente. Me detuve a un par de metros de distancia, y fue entonces cuando entendí la falsedad de la ficción que mi mente había creado: él no era un amante suplicante, sino que le estaba leyendo la mano a su clienta.