Entre dos mundos

La consciencia de nuestra propia existencia. Esa facultad misteriosa que emerge de la confluencia de fenómenos que, bajo las condiciones adecuadas, se convierte en un poder capaz de imaginarlo todo. Esa facultad que observa, ecuánime, los ciclos emocionales imperturbables que oscilan entre el amor y el odio, la felicidad y el sufrimiento, la cordura y la demencia, la compasión y el egoísmo, la indiferencia y el interés. Esa facultad que construye mundos a partir de los diminutos fragmentos de percepción captados por la atención, mundos que pueden asemejarse tanto al cielo como al infierno.