Paralelo – Capítulo 3: Miedo
Atravesando el vestíbulo, Gregor se deslizó sigilosamente por las escaleras comunes, procurando no perturbar el descanso de los vecinos. Alcanzó el tercer piso y cruzó la puerta metálica hacia su pequeño departamento. El término “departamento” era generoso para describir el reducido espacio donde se hallaba una cama individual, un sofá modesto con una pequeña mesa de centro circular, un escritorio de madera frente a la única ventana, un librero donde guardaba todas las evidencias del mundo arcaico, y cajas repletas de libros y de artilugios olvidados.
Una vez dentro de esa atmósfera cargada de humedad y polvo, se sirvió un vaso de agua y lo bebió con desesperación. Luego, con un trozo de tela, limpió su herida con el poco aguardiente que le restaba, del cual también tomó un trago. El hambre llamaba, sin embargo, su fascinación por sus recientes descubrimientos le distraía del fuerte rugido de su estómago. Tras atender la herida, encendió algunas velas y se acomodó en el sofá para inspeccionar su colecta del día: la hoja de periódico.
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Decía una publicidad descolorida pero llamativa que adornaba la primera página, destacando un automóvil arcaico junto a una mujer atractiva.
Luego, volteó la hoja, y continuó leyendo.
…ue otro de los vestidos que causó polémica en la alfombra roja. “Ella siempre lo apuesta todo, o nos sorprende con un vestido atrevido y sensual, o nos decepciona, como hoy, con un estilo excéntrico que trata de ser innovador, pero que termina dándole un look ridículo y vergonzante” dijo el renombrado Sean Thomas. “Un vestido cerrado y ostentoso color ocre de la firma Lattouire, de un brillo que no termina de combinar con el color de su cabello. Definitivamente no está a la altura de este evento…
Decía en las dos páginas interiores, acompañado de las imágenes de una vestimenta surreal y ridícula para los difíciles tiempos contemporáneos.
Gregor se puso de pie, suspirando y frotando sus manos en su cara. Aquella información no agregaba valor a su investigación arqueológica enfocada en desentrañar las causas del Día Zero, día en que el mundo tal y como lo conocemos, cambió drásticamente. Tomó la hoja, y se dispuso a archivarla en la sección “Irrelevante” de su librero, lugar donde colocaba toda la información mundana y superficial del pasado, pero…
(¡Pum!… ¡Pum!…)
Algo en la última página, captó su atención. Un pequeño título borroso de lo que parecía una nota seria y formal.
Calentamiento Global: El inminente fin del mundo
Gregor, quien se disponía a descansar de su agotador día, se sentó de nuevo a analizar la nota. Tal vez su viaje había valido la pena después de todo.
Reciente estudio afirma que la humanidad podría extinguirse antes de lo que se había pensado anteriormente, incluso, en el lapso de una década o menos. El crecimiento de las temperaturas globales ha superado incluso las expectativas de los científicos más renombrados del medi…
…John Stevens, experto meteorólogo, nos ofrece una explicación detallada sobre las razones principales que nos están conduciendo a este inminente final “El consumo desmedido de combustibles fósiles que nuestros gobernantes promueven a través del sector privado, junto con la explotación masiva de los escasos recursos naturales, están ocasionando un desbalance significativo en nuestro plane…
…s evidente que la gente de poder no está interesada en resolver la problemática. Lo único que están haciendo es ver por sus intereses, enriqueciéndose junto con sus amigos empresarios”.
Se lograba apreciar en la nota incompleta.
< ¡Bingo! > pensó al concluir su lectura.
El día había arrojado solo un hallazgo, pero el valor de su contenido resultaba inestimable. Hasta ese momento, carecía de un conocimiento concreto sobre las razones del apocalipsis. Diversas teorías circulaban entre los sobrevivientes: desde un conflicto nuclear entre superpotencias, pasando por el descontrol de la inteligencia artificial, hasta la expansión de una pandemia mortal. Algunos, los más inclinados a lo esotérico, especulaban sobre una catástrofe natural enviada por Dios. No obstante, este fragmento de información le ofrecía una visión más coherente y ajustada a la realidad contemporánea.
Después de dedicar unos instantes a la reflexión sobre el Día Zero, abrió una de las pocas latas de frijoles que le quedaban, se lavó el rostro, evacuó un clon en el baño, y antes de prepararse para descansar, echó un vistazo a su reflejo en un pequeño espejo cuadrado situado junto a su cama. Un hombre visiblemente afligido apareció frente a él. Sus dos ojos cafés, empequeñecidos por el cansancio, reposaban sobre dos oscuras ojeras que, a su vez, reposaban sobre sus visibles pómulos. La piel de su cara, pálida y tensa, revelaba una fatiga que iba más allá de lo físico, y su cabello, desordenado y sin vida, añadía años a su apariencia.
Luego de ver su propia imagen, se acostó, deseando conciliar el sueño rápidamente, y consciente de que debía levantarse temprano para asistir al “Carnaval del Hedonismo” en busca de comida, con solo unas pocas horas de margen.
< Un día más > pensó, sumido en melancolía.
Sus ojos se cerraron, transportándolo rápidamente a un sueño febril que evocó fuertes emociones en él. Se encontraba suspendido en el espacio exterior, sin la protección de una nave o un traje espacial. A pesar de ello, una sensación de ligereza y seguridad lo arropaban en aquel silencio total. Delante de él, una nebulosa de belleza tan sobrecogedora como aterradora, cubría su campo visual. Una danza de colores que brillaba en el infinito espacio negro. Amarillos radiantes que se mezclaban con azules profundos, creando verdes intensos, y azules que, al encontrarse con rojos violentos, creaban púrpuras ardientes.
(¡Pum!… ¡Pum!…)
Repentinamente, mientras flotaba en la inmensidad, una fuerza desconocida comenzó a atraerlo. Luchaba por resistirse con todo el poder de su voluntad, moviendo su cuerpo y agitando sus extremidades con desesperación, pero la fuerza del hoyo negro que lo absorbía era monstruosa.
– ¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Alguien! ¡Ayuda! – gritaba desesperadamente.
(¡Pum!… ¡Pum!…)
Poco a poco observó cómo la nebulosa ante él se reducía gradualmente mientras era tragado. Su corazón golpeaba su pecho con todas sus fuerzas, y el miedo que sentía, inundaba cada una de sus células.
– ¡Me absorbe! ¡Me come! ¡Ayuda! ¡No quiero entrar ahí! ¡No quiero! ¡Por favor! –.
Todo esfuerzo fue en vano. La hermosa figura de colores empequeñeció hasta que se volvió un diminuto punto blanco, y Gregor se vio rodeado de una oscuridad total.
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