Paralelo – Capítulo 24: Poder personal
La Vanguardia Popular
El gran salto adelante: El tren interurbano une y fortalece la economía nacional
La portada de un periódico arcaico, descansando sobre un escritorio, llamó la atención de Gregor. Volvía a su refugio tras su visita a Equalis, aún perturbado por los acontecimientos que había presenciado en el coliseo. En su camino, mientras transitaba por Carnaval hacia el oeste, se había encontrado con una caseta de vigilancia perteneciente a un conjunto de departamentos abandonados de aspecto modesto, pero cuyo estado de conservación impecable y orden inusitado destacaba en el paisaje urbano. A diferencia de otros espacios en la ciudad, repletos de autos oxidados y basura, este rincón parecía haber sido preservado del caos que asolaba las calles.
Con la reciente inauguración del tren promovido por el Partido Unión, las principales ciudades del país se encuentran ahora conectadas como nunca antes. Se estima que este proyecto generará un aumento del 15% en el comercio interregional y fomentará el turismo, con expectativas de atraer a más de un millón de visitantes en su primer año. Los expertos de economía sugieren que esta inversión podría incrementar el PIB nacional en un…
A primera vista, el titular de la nota principal no parecía revelar ninguna información de verdadero peso. Sin embargo, un recuerdo se encendió en la mente de Gregor; estaba seguro de haber leído algo similar acerca de ese mismo proyecto en el pasado. Aunque los detalles precisos se le escapaban, estaba convencido de que encontraría las respuestas que buscaba con solo excavar un poco en su colección de periódicos antiguos, cuidadosamente almacenados en el librero de su refugio.
Siguió hojeando el periódico, deteniéndose ocasionalmente para leer los títulos, encontrando artículos de poca relevancia como: “Residente local insiste en que su receta de tacos es secreta, pero no muy buena”, “Biblioteca reporta que libro de ‘Cómo Evitar Procrastinar’ sigue sin ser devuelto después de 10 años”, “Árbol cae en el bosque, aún sin confirmar si hizo ruido”.
Tras leer y reír unos momentos, observó su reloj.
01:45… 01:44… 01:43…
(¡Shiiik!… ¡Shiiik!…)
Dejó atrás la caseta de vigilancia, retomando su marcha hacia el oeste, con la firme resolución de hallar aquella nota de periódico entre las páginas almacenadas en su librero. La ciudad desplegaba su quietud ante él, una quietud que se veía repentinamente interrumpida al pasar junto a las ruinas de lo que una vez fue un bullicioso centro comercial. Allí, en aquel lugar desolado, una figura lo sorprendió, sentada en la parada de autobús, como un fantasma del pasado esperando una ruta que ya no recorría esas calles olvidadas.
(¡Pum!… ¡Pum!…)
Era Shiva o, mejor dicho, Juan.
– ¡Juan! – exclamó al reconocerlo.
En ese preciso instante, el anciano, que había estado esperando el autobús con una paciencia imperturbable, giró su cuerpo ligeramente. Al divisar a Gregor, sus ojos se iluminaron y una sonrisa genuina y cálida se dibujó a lo largo de su rostro, extendiéndose de un extremo al otro.
– ¡Ah, mi estimado viajero! – respondió con un tono jubiloso. – ¡Cuánto tiempo sin vernos! –.
– ¿Qué haces aquí? – preguntó Gregor con incredulidad.
– ¿No resulta evidente? ¿Acaso no resulta claro que estoy esperando el camión? – replicó con un guiño de cómplice.
Gregor, venciendo su sorpresa inicial, tomó asiento a su lado. A pesar de lo inesperado de su encuentro, la presencia de Juan irradiaba una energía tranquilizadora.
– ¿Me revelarás una nueva lección hoy? – preguntó con una curiosidad infantil.
– Eso depende completamente de ti – respondió Juan, levantando los hombros. – Estás listo para aprender si estás dispuesto a escuchar, a abrir tu mente. He notado que tu vida se ha tornado bastante tumultuosa últimamente. A veces, es en el caos donde menos dispuestos estamos a recibir lecciones, pero no siempre es así, a veces es todo lo contrario. Todo depende de tu actitud – dijo, preparándose para compartir su sabiduría.
– Soy todo oídos – dijo Gregor, mostrando atención plena.
Juan dio tres inhalaciones profundas y pausadas a través de su respirador, cada una acompañada por una expresión única que reflejaba un matiz diferente de sus emociones. Luego, al completar este ritual, se estiró ampliamente, liberando un bostezo largo. Finalmente, dirigió su mirada hacia Gregor, sus ojos brillando con anticipación, presagiando el inicio de una conversación significativa.
– Verás, es hora de revelarte algo importante…
– ¿Qué determina que un fenómeno sea más complejo que otro? – interrumpió impaciente.
Juan estalló en una carcajada, burlándose de la pregunta.
– ¡Oh no, mi estimado viajero! Aún no estás listo para eso y, quién sabe cuándo lo estés. ¡Quizás nunca! – respondió, entretenido por su curiosidad. – No te apresures, no seas impaciente. Lo que te quiero compartir hoy es crucial, especialmente dada la encrucijada en la que te encuentras – continuó, haciendo una pausa reflexiva y colocándose sus anteojos.
Gregor, pensativo, se rascó la cabeza y bajó la mirada.
– Recapitulando un poco, hasta ahora te he hablado sobre la Danza del mundo como una interacción entre dos fuerzas: la complejidad, que construye todo lo existente, y la entropía, que lo disipa. Pero recuerda, la clave no radica en la dualidad, sino en la danza misma, que engendra esta dicotomía – explicó Juan. – Luego, te hablé de la danza individual, un reflejo o, dicho de otra manera, una imagen de la Danza del mundo. Aquí, la complejidad individual o el mundo del pasado y el futuro, da forma a la realidad que percibimos, ordenándola y limitándola a conceptos manejables, distinguiendo una cosa de otra. En contraste, la entropía individual o el mundo del presente, la disipa, borrando las construcciones y límites de la complejidad como el Yo, dejando solo el infinito mismo –.
Gregor asintió, como un niño absorto en una narración fascinante.
– Ahora, mi estimado viajero, es crucial que comprendas la siguiente lección, especialmente si deseas navegar a través del caos que te rodea – continuó Juan, pausando un momento para organizar sus pensamientos mientras inhalaba de su respirador. – Es posible que tus encuentros con los distintos habitantes de este mundo peculiar te hayan brindado una panorámica sobre las diversas manifestaciones de poder. Y, al igual que los ejemplos que ya has visto, hay un sinfín de perspectivas adicionales, cada una arraigada en su propia ideología y visión del mundo. Pero, déjame decirte algo: todas esas interpretaciones no son más que pura basura, interpretaciones incompletas, ilusiones de su propia ignorancia y debilidad – agregó, mostrando sus sonrisa desdentada. – El verdadero poder no corrompe a quien lo posee, no se alimenta de la voluntad de su dueño, no lo vuelve a uno un prisionero –.
– ¿Un prisionero? Discúlpame, Juan, pero no te estoy siguiendo – admitió Gregor, sintiéndose algo avergonzado.
Juan sonrió con comprensión, como si esperara precisamente esa reacción, y continuó.
– Si bien es cierto que todos anhelamos poder, piensa en aquellos que creen que la manipulación y el control de los demás mediante la fuerza es poder. Cuando se encuentran con alguien más fuerte o que no pueden manipular, sufren. O aquellos que creen que acumular riquezas y tener capacidad de comprarlo todo es poder. Cuando se les acaba el dinero o pierden una suma significativa, sufren. Y los que piensan que crear historias convincentes para manipular a la gente es poder. Cuando aparecen narrativas más persuasivas, sufren. O incluso, y más importante, los que creen que ser el líder de una nación es poder. Cuando acaba su periodo, también sufren, ¿ves a lo que me refiero? – agregó, guiñándole un ojo, como queriendo darle un mensaje prohibido.
Gregor asintió, esta vez con una comprensión un poco más sólida, lo que provocó una sonrisa de satisfacción en Juan.
– Los prisioneros del poder – dijo Juan. – Aquellos quienes cometen todo tipo de acciones irracionales y desesperadas para evitar el sufrimiento que trae consigo la falta de su propia ilusión de poder. Aquellos quienes creen que dominan sus acciones, pero en realidad, es el poder quien los controla a ellos. Aquellos cuya narrativa sobre el poder dista mucho del verdadero poder, el poder personal –.
– ¿Poder personal? – planteó intrigado.
– Sí, ¡El poder de tu voluntad, de tu carácter, de tus actos! ¡El poder de tu razón, de tu visión, de tu comprensión! – exclamó Juan, gesticulando cada ejemplo con una expresión y un tono de voz distinto.
Gregor reflexionó, rascándose la cabeza. Luego, tras unos segundos, levantó la mano y abrió la boca, como si fuera a hacer una pregunta interesante. Sin embargo, ninguna palabra salió de su boca.
Ante la ausencia de respuesta, Juan no pudo evitar reír de nuevo. Luego, al terminar de estremecerse, adoptó una expresión de seriedad atípica en él. Se puso de pie y se colocó en una postura inusual que recordaba una posición de combate. Con las piernas abiertas y ligeramente flexionadas, parecía como si echara raíces en el suelo de cemento. Su torso, firme e inmóvil, recordaba a una piedra sólida. En frente de su torso, sus manos se posicionaban como si asieran objetos invisibles: una parecía sostener un gran escudo y la otra, una espada, preparadas para el ataque. Pero lo más impactante era la mirada determinada de Juan. Sus ojos, que antes eran bizcos, ahora se alineaban a la perfección, fijando su vista en Gregor bajo cejas fruncidas. Su nariz puntiaguda parecía apuntar hacia donde miraban sus ojos, como una flecha lista para ser disparada.
De manera inesperada, Juan emitió un grito potente que llenó el ambiente, retumbando en los oídos de Gregor como un trueno ensordecedor y paralizándolo por completo, tanto su cuerpo como sus pensamientos. Tras este, vinieron varios gritos más, cada uno tan impresionante e imponente como el primero. Gregor luchaba por moverse, pero parecía imposible. Las ondas sonoras, combinadas con la penetrante mirada de Juan, lo tenían como atrapado en un invisible pero firme lazo.
Durante varios minutos, la escena se mantuvo: Juan, en su peculiar postura, continuaba emitiendo gritos, mientras Gregor, atrapado e inmóvil, intentaba en vano liberarse. Finalmente, con una prolongada carcajada maníaca, Juan relajó su postura y volvió a una posición más natural, liberándolo de su parálisis. Luego, respiró profundamente tres veces a través de su respirador y, acto seguido, se sentó de nuevo en la parada de autobús.
– Oh, la belleza de la Danza es que es útil para explicar cualquier concepto en dicotomías – dijo, embizcando sus ojos nuevamente y mirándolo fijamente con su ojo izquierdo. – En el ámbito de la entropía individual, el poder se manifiesta como la fortaleza de nuestra voluntad: un escudo que preserva nuestro temple inmaculado y una espada para actuar en los desafíos más arduos. Fortalecer la voluntad es un reto mayúsculo, que exige un compromiso diario y riguroso, extendiéndose a menudo por años o décadas. Esto se debe a que el verdadero desafío yace en la necesidad de desmantelar el propio ego, el cual, con la vehemencia y la resistencia de una bestia salvaje, se opondrá ferozmente a su disolución y a la de sus constructos, tales como los apegos, la razón y la percepción del tiempo –.
El silencio se instaló por un momento. Juan inhaló de nuevo de su respirador sin quitar la mirada de Gregor.
– Sin embargo, una vez se logra la disolución del Yo, mi estimado viajero – continuó Juan acariciando su barbilla en un gesto reflexivo y mostrando una personalidad imperturbable. – el individuo adquiere la capacidad necesaria para enfrentar incluso las adversidades más extremas. Esta transformación le permite abrazar el sufrimiento inherente a dichas circunstancias de manera voluntaria, encontrando así una profunda paz en medio de la adversidad. No importa si le falta un buen empleo, si carece de dinero para sus comidas preferidas, si enfrenta limitaciones físicas o discapacidades, si ha perdido a un ser querido, si ha fracasado en sus proyectos, si está inmersos en relaciones tóxicas, si es esclavo, o si lidia con enfermedades graves. Nada de esto tiene peso, porque al disolver el Yo, así como sus apegos, estas circunstancias dejan de influirle. Así, el individuo halla satisfacción en lo que posee y en su entorno, sin importar cuál sea –.
Gregor asintió en silencio, digiriendo las enseñanzas de Juan con atención plena, olvidando brevemente el caos que lo rodeaba.
– Además, la voluntad nos habilita para enfrentar incluso aquellas actividades que nos resultan más difíciles, que nos provocan pereza, miedo o rechazo, como levantarnos temprano, ducharnos con agua fría, dedicar tiempo a aprender temas complejos, practicar un instrumento musical, o mantener conversaciones difíciles. Se vuelve posible superar cualquier resistencia de nuestro cuerpo o mente, ya que, al disolver la razón y el diálogo interno, eliminamos esos pensamientos intrusivos que nos dicen ‘qué flojera’, ‘no puedo’, o ‘mejor mañana’. En su lugar, nos transformamos en una entidad enfocada en el presente, en la acción –.
Juan se puso de pie, dejó su respirador a un lado, e inesperadamente, comenzó a hacer burpees con una velocidad impresionante.
– Uno… Dos… Tres… Cuatro… Cinco… – contaba Juan con cada nuevo salto. – Y, por último – continuó su explicación mientras seguía ejercitándose. – significa que, somos capaces de situarnos en el aquí y el ahora en su máximo esplendor, permitiendo a nuestra percepción ver lo que nuestra razón no puede. Veinte… Veintiuno… Veintidós… – Juan hablaba y contaba simultáneamente. – Por ejemplo, mi capacidad para ver el mundo tumultuoso y caótico que habitas, tu sufrimiento, y tu falta de voluntad para enfrentar tu realidad. Todo esto, con tal solo verte unos instantes. Treinta y ocho… Treinta y nueve… Cuarenta… –.
Gregor quedó callado, avergonzado, como si el viejo hubiera atinado certeramente en su afirmación. Mientras tanto, Juan se dedicó a su rutina de ejercicios por algunos minutos. Con una disciplina inquebrantable, continuó hasta alcanzar la impresionante cifra de doscientas repeticiones sin descansar. Finalizado su esfuerzo físico, Juan, que hasta entonces había fijado a Gregor con una mirada penetrante desde su ojo izquierdo, realizó un cambio sutil pero significativo. Ahora lo examinaba con el derecho, como si este gesto cambiara la naturaleza de su escrutinio, ofreciendo una nueva perspectiva en su evaluación silenciosa.
– Por otro lado, y más sencillo, en términos de la complejidad – exclamó, adquiriendo un tono exaltado, abriendo sus ojos en dos círculos perfectos y rodeando su cuerpo con ambas manos en un abrazo propio. – El poder personal no se encuentra en la disipación del ego. Se halla, más bien, en abrazar al Yo único y diferenciable, con sus deseos, su pasado y sus ambiciones futuras, con un propósito definido: construir una visión por medio de la razón. Una visión que nos guíe y nos dé un destino, tanto en el futuro inmediato como a largo plazo. Una visión que ilumine nuestro pasado, clarificando el porqué del presente. Una visión que nos permita comprender a los demás, sus ideas, personalidades, deseos y ambiciones, facilitando la formación de juicios. Pero, sobre todo, una visión que le dé forma a la realidad, haciéndola comprensible y manejable, como el concepto de la Danza del mundo. En resumen, para la complejidad, el poder personal es una visión del mundo que se asemeja a un mapa del tesoro que nos muestra el terreno por el que navegamos y, además, nos provee de un objetivo claro dentro de ese espacio confinado –.
El silencio se instaló por un momento. Gregor observaba a Juan detenidamente, capturado por la profundidad de sus palabras.
– A mayor poder personal, el mapa no solo abarcará una mayor extensión de terreno, sino que también ofrecerá una resolución más alta y detallada. Esto permitirá a su poseedor obtener una visión más completa sobre la realidad, proporcionándole, además, una guía más precisa para alcanzar sus metas –.
Juan, quien enfocaba a Gregor con su ojo derecho, ajustó su mirada para contemplarlo ahora con ambos ojos.
– Esto nos lleva al siguiente punto – continuó Juan con un tono serio. – El verdadero poder, el poder personal, reside en la unión y armonización de ambas perspectivas, mi estimado viajero, que seamos capaces de comprender ambas caras de la misma moneda, por así decirlo. Consiste en crear una visión que dirija a nuestra voluntad y en enfocar nuestra voluntad para hacer realidad la visión de la razón. En otras palabras, implica, por un lado, abrazar al Yo para forjar una visión y, por otro, disolverlo para eliminar cualquier obstáculo que nos impida materializar esa visión –.
Juan se detuvo, respirando profundamente tres veces a través del respirador. Mientras lo hacía, su rostro parecía desequilibrarse; el lado derecho mostraba una expresión de firme determinación, mientras que el izquierdo reflejaba una notable debilidad y tristeza.
– El problema surge cuando uno se inclina demasiado hacia la complejidad o la entropía individual, sin darse cuenta. Y la consecuencia de esto es una maraña de contradicciones en nuestros pensamientos y acciones. Imagina a alguien obsesionado con el futuro, construcción de la complejidad, que ha dedicado incontables horas a soñar despierto. Esta persona ha construido en su mente una visión detallada de su yo futuro: su carrera ideal, la pareja de sus sueños, el número exacto de hijos, incluso el lugar donde quiere vivir. Todo ello detallado con una precisión casi obsesiva. Sin embargo, si esa persona no logra anclarse en el presente y trabajar día a día para alcanzar esas metas, toda esa visión del futuro no será más que un sueño. Es como crear una mansión en las nubes, espléndida en imaginación, pero inalcanzable en la realidad – explicó, observándolo con una mirada penetrante que parecía ver directo a su alma. – Ahora piensa en un alguien que un buen día decide demoler todo el orden preestablecido de su vida. De inmediato, entra en un caos absoluto, un vacío de dirección y propósito. Sin un mapa o brújula, se encuentra a la deriva de incertidumbre y desorden. Esto, contrario a lo que algunos podrían pensar, lleva a muchos al borde de la locura, empujándolos hacia el hedonismo extremo o la adicción, o bien, si el individuo tiene el suficiente poder para disolver por completo su ego, puede alcanzar un estado que se asemeja a la muerte, sin estar realmente muerto –.
Hubo un silencio duradero que permitió escuchar la melodía del viento.
– Y… ¿Cuánto poder puede acumular una persona? – preguntó al fin Gregor, con una curiosidad desmedida.
– ¡Buena pregunta! – exclamó Juan con una emoción palpable, y tras reflexionar unos momentos, contestó. – Lo fascinante es que no existen límites en cuanto al poder personal que podemos acumular. Pero lo que sí puedo decirte es esto: a mayor complejidad de la visión, se necesita más fortaleza de la voluntad para hacerla realidad. Por ejemplo, correr un maratón demanda más poder que simplemente caminar quince minutos. De igual manera, construir un edificio de cincuenta pisos requiere un mayor poder en comparación con edificar una casa pequeña. O piensa en la creación de una obra tan extraordinaria que resulta imposible no admirar a su creador. En este sentido, es más pragmático concebir el “poder” personal como un verbo activo, más que como un simple sustantivo. Bajo esta óptica, “poder” implica poseer la capacidad efectiva de actuar, de dar forma a la realidad conforme a nuestra visión, superando todos obstáculos que se nos presenten. Ese poder es el libre albedrío, mi estimado viajero. – dijo finalmente, guardando sus anteojos en su bolsillo al terminar su discurso.
El silencio volvió a envolver el ambiente, cosa que obligó a Gregor a ver su reloj.
01:13… 01:12… 01:11…
(¡Pum!… ¡Pum!…)
– Tengo que irme – dijo Gregor apurado y un poco apenado.
Juan no respondió. En lugar de ello, se levantó y, con un gesto fuera de lugar, extendió la mano como si detuviera un autobús invisible. Al ‘detenerse’ el vehículo, subió con decisión, ocupó el asiento del conductor y, maniobrando como si el autobús fuese real, aceleró hacia el este. Juan se alejó rápidamente, desvaneciéndose en la distancia sin pronunciar una despedida.
Obligado por la urgencia que la cuenta regresiva imponía, Gregor se apresuró hacia el oeste, en dirección a su refugio. El trayecto se extendió por cerca de una hora, sobrepasando ampliamente su exposición al exterior. Al llegar, con la piel tintada de rojo y sintiendo un ligero ardor debido a la exposición solar, se detuvo en el umbral para realizar su ritual habitual: cerró los ojos y se permitió disfrutar del viento y el silencio durante unos instantes. Después, ascendió a su departamento, impulsado por una mezcla de curiosidad y urgencia. Rápidamente, tomó uno de los periódicos de su librero que había recolectado en el pasado y se dirigió al baño. Allí, mientras se acomodaba, comenzó a leer lo siguiente:
Diario de la Realidad
El tren interurbano del Partido Unión ¿Desarrollo a qué costo?
Mientras que el tren interurbano es aclamado como un “triunfo” por algunos, las preocupaciones ambientales y las denuncias de corrupción manchan su legado. Se estima que más de 500 hectáreas de bosque fueron taladas para la construcción del proyecto, afectando a innumerables especies y contribuyendo al cambio climático. Además, fuentes fidedignas indican que varios contratos de construcción fueron otorgados a empresas con estrechos lazos con líderes del Partido Unión, sugiriendo…
Ante la aparente contradicción en los periódicos, Gregor se sumió en sus pensamientos. Sentado en el inodoro, permanecía absorto, reflexionando intensamente sobre lo leído mientras orquestaba el clímax de una sinfonía de agudos y graves.
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